El amor igual y según su necesidad
- Malena Tobar
- Jul 8
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En toda relación —ya sea personal, familiar, de amistad o dentro de la iglesia— el amor debe vivirse en libertad, no en competencia.
No debe existir favoritismo ni acepción de personas (Santiago 2:1), porque el amor no se demuestra decidiendo quién merece más. Se demuestra dando a cada persona el tiempo, la atención y el cuidado que necesita, con respeto, sabiduría y dignidad.
Cada persona es única, valiosa y merece ser amada, no por lo que hace, sino por quien es.
El amor sano no obliga a nadie a ganarse un lugar. No hace competir por atención, aprobación o afecto.
Así nos ama Dios: con un amor que no se compra, no se gana y no hace distinción entre personas. Ese es el amor que también estamos llamados a reflejar.


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